Hoy me vestiré de...

Construir un pensamiento es vestirse de él.

Las palabras, los conceptos, las ideas, las imágenes, los sonidos, tienen una energía, emiten una vibración, un color, un sonido, un sentimiento. Y la energía es contagiosa, se adhiere a cualquier ser. Así, siempre que producimos algo cargado de energía (una canción, un poema, una brillante idea, un ánimo, una palabra de consideración, de amor; o una grosería, un juicio, un pensamiento de asco, de miedo, de humillación), parte de esa energía que emitimos se queda en nosotros, se enchufa a nuestro centro vital, nos carga o descarga, nos envuelve, rodea, viste, cubre nuestro cuerpo espiritual o lo corroe.

Por eso, cuando basados en juzgamientos religiosos, ideológicos, políticos, éticos o culturales, incluso individuales, en realidad nos estamos bañando en eso; pero ojo, no quiere decir que nos convirtamos en eso que odiamos, es más bien un autosabotaje un tanto masoquista que nos hace sufrir un poco esa energía y, dependiendo de su intensidad, ese pellizco de ideas colándose en nuestro campo vital puede ser de un breve instante, de una larga jornada o de una totalidad de vida. Esta es una de las razones por la que los dogmas son tan peligrosos, especialmente porque cuando son errados en extremo y perjudiciales, suprimen la esencia vital de las personas y, por ende, a la persona misma.

Un caso práctico de la vida social es la xenofobia. En ella, se encuentran sentimientos de asco, superioridad, abusividad, que generalmente decanta en rabia. De ahí tanta historia violenta en nuestra sociedad moderna. Lo que ellos no saben, es que cuando pensamos que alguien da asco, piensa o vergüenza, nos bañamos en ese sentimiento. Cuando se piensa en que alguien es inferior, al contrario de sentirse superior —que es lo que considera que siente y proyecta quien está juzgando— en realidad se está bañando en esa «inferioridad» que ataca.

En efecto, no siempre somos lo que creemos internamente, somos más lo que proyectamos, lo que damos. Así, si yo creo que soy bueno en algo o por algo, pero me la paso resaltado lo malos que son los otros, empiezo a bañarme de eso que señalo, y en tanto, dejo de ser bueno, pues cuando vaya a buscar esa energía para crear algo nuevo, esta va a estar impregnada de eso que emití previamente. ¡Igual con las ideas!, que se conectan a través de neuro-transmisores con los pensamientos que vamos creando en nuestro cerebro. De ahí que las personas «morbosas» o muy «graciosas» tengan esa sorprendente habilidad de sacarle doble sentido o broma a cualquier cosa. Todos conocemos a alguien así.

Aunque este escenario ya suena complejo, la situación es más fuerte, más grande; y empeora cuando esa persona que contiene esas emociones no las sabe comunicar, expresar o liberar. Entonces, el que siente algo y no lo enfrenta adecuadamente, literalmente se sumerge en esa energía de algo. Por todo este sistema de flujo energético es preferible, para quien quiere ser feliz, emitir pensamientos, acciones, juicios (positivos) e ideas que despierten sentimientos que lo lleven a su estado ideal de felicidad, el cual también es diferente para cada ser.

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